NIHON VES: LOS APORTES DE LA INMIGRACIÓN CIENTÍFICA JAPONESA EN VENEZUELA Y LAS COLABORACIONES TECNOCIENTÍFICAS ENTRE VENEZUELA Y JAPÓN

por | Ene 18, 2018 | CIENCIA, TECNOLOGÍA Y SOCIEDAD, TECNOLOGÍA | 0 Comentarios

José Álvarez-Cornett

 

 Ilustración de Ada Peña

Ilustración de Ada Peña

Un jardín nipón-venezolano del conocimiento

La orquídea es la flor oficial de Venezuela y la más querida de los venezolanos. En Japón, la flor oficial es el crisantemo, pero los japoneses están más apasionados por la flor del cerezo (sakura). Los anales de la historia venezolana esconden un hermoso relato sobre los vínculos tecnocientíficos entre Venezuela y Japón. Invocando el espíritu poético, podemos decir que se trata de un bello, fragante y oculto jardín de cerezos y orquídeas.

 A la izquierda la flor del cerezo (Prunus serrulata) – sakura, en japonés- y a la derecha una orquídea (Cattleya mossiae).

A la izquierda la flor del cerezo (Prunus serrulata) – sakura, en japonés- y a la derecha una orquídea (Cattleya mossiae).

 

¿Cómo es la silueta de este jardín del conocimiento nipón-venezolano? Los detalles aún no son claros. Pero, una vista en perspectiva desde lejos permite al menos detectar varios elementos: los aportes de la inmigración de científicos japoneses en Venezuela, los logros de la diáspora tecnocientífica venezolana en Japón,  la colaboración científica que ha existido entre laboratorios y universidades de Venezuela con sus equivalentes en Japón, la formación en Japón de centenares de científicos e ingenieros venezolanos y la cooperación relacionada con la producción y exportación de Venezuela hacia Japón de un producto de alta tecnología como la Orimulsion®, entre otros.

El intercambio de personas, conocimiento y tecnologías, tanto de venezolanos en Japón como de japoneses en Venezuela ha sido, sin duda, muy enriquecedora, no solo para ambos países sino para el mundo. Siendo Venezuela un país en vías de desarrollo, se podría pensar que los aportes en áreas tecnocientíficas han sido solo en un sentido: de Japón hacia Venezuela. Pero la realidad es mucho más interesante, Venezuela también ha contribuido: el intercambio tecnológico y de conocimientos ha sido bilateral.

El futurista y consultor venezolano José Luis Cordeiro, en su  conclusión principal de su estadía de investigación en el Instituto para Economías en Desarrollo-Organización para el Comercio del Japón (IDE-JETRO), expresa:

Japón y Venezuela son dos países muy diferentes pero con muchas oportunidades de cooperar, … son dos economías complementarias.

En el 2018, Venezuela y Japón celebran ochenta años del establecimiento de las relaciones bilaterales y el nonagésimo aniversario de la emigración japonesa en Venezuela. Con este artículo el autor desea unirse a este festejo nipón-venezolano.

¿Por qué estudiar la historia de los japoneses en Venezuela es importante?

Los venezolanos necesitamos comprender cómo la inmigración extranjera contribuyó a forjar nuestra sociedad, en particular, en los aspectos tecnocientíficos y académicos. La inmigración de científicos japoneses contribuyó al desarrollo de la microscopía electrónica en Venezuela, a comprender mejor nuestros mares, costas y la química de nuestros productos naturales. Además, los japoneses trajeron conocimientos que nos permitieron procesar mejor la  tecnología de la producción pesquera venezolana. En el plano académico universitario contribuyeron a la educación de centenares de científicos venezolanos.

Ese conocimiento histórico nos acerca como pueblos y constituye una forma de profundizar las relaciones entre Japón y Venezuela. Japón es una sociedad muy avanzada y nos conviene mucho aprender y recibir apoyo de ella. Por ejemplo, en abril de 2016, el gobierno japonés promulgó el Quinto Plan Básico de Ciencia y Tecnología, en donde promueven el concepto de la Sociedad 5.0: una sociedad super inteligente. En esta nueva sociedad la información digital en las nubes del ciberespacio se integra con el mundo material de la vida cotidiana para producir objetos mejorados combinados con información. Tres tecnologías facilitan esta integración, que en inglés se llama Cyber Physical Systems (CPS): la inteligencia artificial, la robótica y la IoT (Internet of Things; en español, Internet de las cosas). Nuestro mundo ya no será igual debido a que estos cambios transformarán a la sociedad y la forma como los humanos interactuamos con nuestro entorno.

Con el objetivo de estudiar los aspectos relacionados con ciencia y tecnología de este jardín nipón-venezolano, hemos creado la línea de investigación NIHON VES: Relaciones provechosas en ciencia e ingeniería entre Japón y Venezuela, del Proyecto VES. A continuación presento algunos aspectos examinados en el marco del proyecto, muchos de ellos no han sido investigados por ningún historiador de la ciencia y la tecnología.

La gran ola de Kanagawa, una famosa impresión xilográfica del pintor japonés Katsushika Hokusai (1760-1849), como trasfondo del jardin de conocimientos nipón-venezolano y del proyecto NIHON VES.

Inmigración de tecnocientíficos japoneses en Venezuela

Las áreas tecnocientíficas en las que trabajaron los inmigrantes japoneses en Venezuela son: ciencias marinas, específicamente oceanografía y pesca, ciencias de los alimentos, química de productos naturales, biofísica, medicina, matemáticas, ciencias de los materiales, telecomunicaciones, petróleo y gas (en particular, tecnologías relacionadas con la producción y combustión de la Orimulsion® y tecnologías de producción de gas), en metalurgia (acero y aluminio) y en análisis de riesgo y prevención de desastres.

El Profesor Kozo Ishizaki, foto crédito: Centro de Documentación y Archivo, USB.

Hasta ahora hemos identificado quince japoneses que han hecho ciencia y tecnología en Venezuela. Este número, sin embargo, se puede elevar en varias docenas.

El primer inmigrante japonés en Venezuela fue el señor Seijiro Yazawa Iwai (1901-1988), quien llegó en 1928 buscando obtener concesiones petroleras. A partir de 1960, más de una docena de científicos y tecnólogos japoneses han inmigrado a Venezuela. Los estudios preliminares realizados indican que el primero en llegar en 1960 fue el biofísico y fisiólogo Dr. Mitsuo Ogura (1928-2000), profesor de la Facultad de Ciencias de la Universidad Central de Venezuela (UCV), quien tuvo una gran influencia en la institucionalización y desarrollo de la microscopía electrónica en el país.

Otros ejemplos relevantes son: el profesor de la UCV de análisis funcional Yoshikatsu Yoshida; el ingeniero de materiales Profesor Kozo Ishizaki quien estuvo afiliado con la UCV y la Universidad Simón Bolívar (USB); el oceanógrafo físico Jiro Fukuoka (1922-2004) quien trabajó primero para la Estación de Investigaciones Marinas de Margarita — Edimar — de la Fundación La Salle y, posteriormente, para el Instituto Oceanográfico de Venezuela (IOV) de la Universidad de Oriente; y el experto japonés de la Unión de Telecomunicación Internacional Naoshi Shimizu quien trabajó en la formación de técnicos venezolanos en telefonía del Centro de Entrenamiento de Técnicos de Telecomunicación de la empresa de teléfonos CANTV.

 

 

 

 

 

Makie Kodaira (centro) con algunos de sus estudiantes de tecnología de alimentos. Foto cortesía de Makie Kodaira.

Makie Kodaira (centro) con algunos de sus estudiantes de tecnología de alimentos. Foto cortesía de Makie Kodaira.

La única mujer en el grupo de tecnocientíficos japoneses identificados en Venezuela hasta la fecha es la japonesa-venezolana Makie Kodaira Sugawara, quien nació en Nagano (1947), en la ciudad capital de la Prefectura de Nagano en la región de Chūbu, Japón. Vino a Venezuela siendo muy joven, realizó el bachillerato en el Liceo “José Antonio Paéz” (graduándose de Bachiller en Ciencias en 1969). Posteriormente, ingresó a la Universidad Católica Andrés Bello de donde egresó con el título de Licenciada en Educación, Mención Ciencias Biológicas en 1973 y, a continuación, viajó a Japón para hacer una Maestría en Agricultura en la Universidad de Hiroshima (1977). A su regreso de Japón, Makie Kodaira ingresó como Instructora en el plantel profesoral de la Facultad de Ciencias, adscrita al Instituto de Ciencia y Tecnología de Alimentos, en donde por doce años ejerció como Jefe de la Sección de Productos Pesqueros. En su carrera profesional alcanzó el título de Profesor Titular (2001) y, en el año 2002, se acogió a la jubilación. La Profesora Kodaira está considerada como una experta en Tecnología de Productos Pesqueros.

Aunque se conocen algunos datos de los perfiles biográficos y de los aportes al conocimiento científico, a la institucionalización de la ciencia y el desarrollo tecnológico realizados en Venezuela por científicos japoneses, su vida y obra no han sido objeto de estudio. Un caso extremo es el de Naoshi Shimizu del cual, hoy en día, solo tenemos su foto de 1973 y no tenemos ninguna otra información.

 

 

 

 

 

Colaboración científica y formación de talentos

Prof. Joaquín Lira-Olivares.

Otro tipo de cultivo del jardín es la colaboración científica entre laboratorios y universidades de Venezuela y Japón. Por ejemplo, el Laboratorio de Temperaturas Bajas del IVIC que dirige el Dr. Ismardo Bonalde ha tenido una estrecha colaboración con científicos japoneses de varias universidades en el estudio de la superconductividad, que ha resultado en varias publicaciones en revistas científicas arbitradas.  Ejemplos aquí y aquí.

 

Por otra parte, el director del Centro de Ingeniería de Superficies (CIS) de la USB,  el científico de materiales Joaquín Lira-Olivares también mantiene relaciones con universidades japonesas, en particular, con la Universidad Tecnológica de Nagaoka.

 

En las investigaciones realizadas en el marco del proyecto NIHON VES, también hemos encontrado colaboraciones japonesas-venezolanas en química; por ejemplo, Masahisa Hasegawa (1938-2012) realizó parte de su trabajo doctoral de la Universidad de Kyoto en el IVIC. En medicina: en el estudio de la Leishmaniasis, detección temprana del cáncer gástrico y en dermatología tropical. En otras áreas: en ciencia de los alimentos y en prevención de desastres por terremotos. Todas estas colaboraciones merecen ser estudiadas en profundidad.

 

 

 

 

Japón y la Orimulsión

Adicionalmente, durante varios años, desde 1988 hasta aproximadamente 2007, Venezuela exportó a Japón un producto de alta tecnología: el combustible de marca registrada Orimulsion® el cual es un tipo especial de bitumen natural emulsificado que competía con el carbón como combustible para plantas de generación de energía eléctrica.

 

 Para la comercialización de la Orimulsión en Japón, la empresa venezolana Bitor (Bitumenes del Orinoco) realizó una alianza con Mitsubishi Corporation y formó la empresa Mitsubishi Corporation-Bitor Limited (MC Bitor). De izquierda a derecha: Toshio Ogawa, Emi Saeki, Mio Ishihara, Takatoshi Osawa. Sentados: Masayaki Arakawa, Raúl Alemán y Yasuo Nakane. Foto tomada del Reporte Anual de Bitor, 1995

Para la comercialización de la Orimulsión en Japón, la empresa venezolana Bitor (Bitumenes del Orinoco) realizó una alianza con Mitsubishi Corporation y formó la empresa Mitsubishi Corporation-Bitor Limited (MC Bitor). De izquierda a derecha: Toshio Ogawa, Emi Saeki, Mio Ishihara, Takatoshi Osawa. Sentados: Masayaki Arakawa, Raúl Alemán y Yasuo Nakane. Foto tomada del Reporte Anual de Bitor, 1995.

 

Aunque la Orimulsión es un desarrollo tecnológico venezolano, principalmente, realizado en el Instituto de Tecnología Venezolana para el Petróleo (Intevep), la cadena de negocios ha contado con varias colaboraciones con empresas japonesas: en la comercialización del combustible en Japón (con una alianza con la empresa japonesa Mitsubishi), en la solución del problema de escalamiento (es decir, cómo producir la Orimulsión industrialmente después de su formulación inicial en el laboratorio de investigación), y en la combustión limpia (no contaminante) de la Orimulsión en las calderas de las plantas de generación de electricidad.

En el caso de la solución del problema del escalamiento de la Orimulsión, el ingeniero mecánico Gustavo Núñez Testa (1958-2013) , quien trabajó en el Intevep, jugó un papel fundamental. Durante sus repetidos viajes a Japón logró establecer excelentes relaciones con ingenieros y empresarios japoneses de empresas como Tokushu Kika Kogyo (TKK) (en particular, con Akira Furuichi y Takeshi Asa) para establecer un convenio sobre tecnologías de mezclado de bitumen. No obstante, ninguna de las máquinas mezcladoras japonesas resultó adecuada y los ingenieros del Intevep desarrollaron su propia mezcladora que llamaron Orimixer®.

Sin embargo, esta nueva mezcladora Orimixer, de tecnología venezolana, no hubiese tenido lugar sin el aprendizaje previo logrado mediante el convenio de cooperación realizado con la empresa TKK para entender la tecnología de mezclado.

Otro asunto del que hoy conocemos muy poco es sobre los aportes japoneses para hacer que la Orimulsión fuese un combustible más limpio. Hoy sabemos que Kansai Electric Power Company concluyó un estudio sobre el impacto ambiental de la Orimulsión en diciembre de 1995. Todos los clientes de MC Bitor hicieron pruebas de combustión de Orimulsión y estos trabajos fueron esenciales para la venta de la Orimulsión en el mercado japonés. Esta es una historia oculta que también es valiosa investigar.

 Tanque para el almacenamiento de la Orimulsión en la Planta de Producción y Emulsificación en Morichal, estado Monagas. Foto tomada del Reporte Anual de Bitor, 1995. 

Tanque para el almacenamiento de la Orimulsión en la Planta de Producción y Emulsificación en Morichal, estado Monagas. Foto tomada del Reporte Anual de Bitor, 1995.

Comparando con países como Brasil y Perú, lugares a donde llegaron miles de inmigrantes japoneses, la inmigración japonesa en Venezuela fue muy pequeña. Para 1941, vivían en Venezuela tan solo 52 japoneses (30 hombres y 22 entre mujeres y niños). Para el 2016, según el portal del Ministerio de Relaciones Exteriores de Japón, en Venezuela, había 409 japoneses residentes en el país y el número de descendientes japoneses estaba estimado en 820 personas. Sin embargo, podemos ver que su impacto en ciencia y tecnología está lejos de ser tímido.

Por otra parte, desde principios de los años ochenta del siglo XX, un pequeño grupo de científicos e ingenieros venezolanos se han asentado en tierras niponas y han logrado conquistar cargos importantes en centros japoneses de investigación científica y tecnológica. Desde Japón ellos han hecho aportes importantes a la ciencia y la tecnología, principalmente, en física, ingeniería y ciencias de los materiales.

En una próxima entrega escribiremos sobre la diáspora tecnocientífica venezolana en Japón y sus aportes al conocimiento del mundo.

Para saber más

  1. Para mayor información sobre estos científicos japoneses y conocer otros detalles de la nueva línea de investigación del Proyecto VES referimos al lector al trabajo NIHON VES: Relaciones provechosas en ciencia e ingeniería entre Japón y Venezuela.
  2. Noguchi, Shigeru. (2008). Historia de los inmigrantes japoneses en Venezuela antes de la Segunda Guerra Mundial. Humania del Sur. 5 (3): 27-42.

 

José Álvarez-Cornett es Licenciado en Física (Universidad Central de Venezuela (UCV), 1981) con posgrados en Geociencias (Universidad de California, Berkeley) y Negocios (MBA, University of Southern California, 2000). Es geofísico petrolero, especializado en planificación estratégica y negocios Asia-Pacífico, estudió mandarín y cultura china en el Beijing Language and Cultural University (1992-1995). Ensayista, especialista en curaduría de contenidos – web information advisory – y estrategias de infoatención, profesor universitario (UCV) de historia de la ciencia y la tecnología, colaborador invitado en el Laboratorio de Historia de la Ciencia y la Tecnología del Centro de Estudios de la Ciencia del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC) e investigador principal del Proyecto VES. Además de la historia de la ciencia y la tecnología, está interesado en la cultura y culinaria asiática, el desarrollo sostenible, la prospectiva tecnológica y los futuros personales. Está en Twitter: @Chegoyo

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